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28 Marzo, 2019

Nuestra común identidad antillana

Desde 1492, en los albores de la conquista y colonización europea, las islas que habitamos, junto al resto del continente, recibieron el nombre de Indias y el de indios sus primitivos habitantes, pues don Cristóbal Colón estaba seguro de que había llegado a la antesala del codiciado Oriente.

Cuando los castellanos se dieron cuenta de su error, rebautizaron el Nuevo Mundo como Indias Occidentales. El Caribe antillano, además de caracterizarse por una singular comunidad histórico-social, se ha distinguido por su incomparable belleza. Estas tierras, mares, ríos, flora y fauna asombraron a los españoles. Fue tal su impacto en los visitantes europeos que el propio Cristóbal Colón y algunos de sus compañeros de travesía dejaron constancia escrita de sus primeras impresiones.

Frases como “la tierra más hermosa que ojos humanos hayan visto”, y otras expresiones similares sintetizan la idea de la deslumbrante hermosura de la naturaleza de La Española (Hispaniola), Cuba, Jamaica, Guadalupe y otras islas del Caribe. Para cada una de ellas el Gran Almirante dejó una lisonja, para nosotros los dominicanos estas expresiones constituyen un reconocimiento a la belleza de nuestro territorio y debemos sentirnos orgullosos de ello.

Las luchas de liberación en las tres antiguas colonias españolas del Caribe estuvieron tan íntimamente ligadas, que algunos de sus hombres más preclaros concibieron la idea de crear la Confederación de las Antillas para garantizar la libertad, independencia y soberanía de todas ellas frente a las apetencias de las viejas potencias europeas y de la potencia emergente en que se estaban convirtiendo los Estadios Unidos de América. Al respecto José Martí escribía: “Las tres Antillas, que han de salvarse juntas, o juntas han de perecer, las tres vigías de la América hospitalaria y durable, las tres hermanas que de siglos atrás vienen cambiando los hijos y enviándose los libertadores, las tres islas abrazadas de Cuba, Puerto Rico y Santo Domingo.”

La idea de la Confederación, en busca de una mayor protección para todas, fue acariciada desde que rompiendo el siglo XVIII España demostró estar más atenta a su interés que al de sus posesiones ultramarinas, y ante la arremetida de las potencias que habían quedado fuera del botín colonizador, señaladamente Inglaterra, Francia y Holanda, los criollos españoles comenzaron a idear modos de sostenerse frente a esas embestidas sabiendo que no podrían contar con el apoyo de la Madre Patria. Al respecto Martí declara que “No parece que la seguridad de las Antillas, ojeadas de cerca por la codicia pujante, dependa tanto de la

alianza ostentosa y, en lo material, insuficiente, que provocase reparos y justificara la agresión, como de la unión sutil, y manifiesta en todo, sin el asidero de la provocación confesa, de las islas que han de sostenerse juntas o juntas han de desaparecer en el recuento de los pueblos libres.”

Gregorio Luperón, Ramón Emeterio Betances, Eugenio María de Hostos, Antonio Maceo, Máximo Gómez y José Martí fueron la expresión más elevada de esa idea integracionista antillana. Emulando su deseo y para honrar sus vidas fue creado en Santo Domingo, el 8 de septiembre de 2016, el Instituto de Estudios Antillanistas “General Gregorio Luperón”, que tiene como misión principal contribuir al estudio, la investigación, la divulgación, promoción y conservación del patrimonio cultural tangible e intangible del archipiélago antillano.

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